Soy lo que la sociedad llama un “fracasado escolar”. Nunca fui buen estudiante, en mis notas abundaban los suspensos, repetí varias veces curso y no llegué a terminar COU. Si miro atrás, veo que había varias situaciones en mi vida personal que influyeron negativamente en mi proceso escolar, pero también creo que me costaba invertir tiempo y energía en memorizar cosas que no me interesaban nada.

Es curioso porque recuerdo que en COU sacaba notas terribles en todo (bueno, en honor a la verdad, ¡no eran todas terribles porque copiaba en los exámenes!) excepto en filosofía. Estudiar filosofía no me costaba nada, leer libros sobre filosofía me apasionaba… ya entonces quería entender la vida, su significado, buscaba respuestas. Y así he acabado, enseñando una filosofía de vida que ofrece un camino para hayar las respuestas que siempre he querido  encontrar. He tenido suerte… he encontrado por mi mismo la manera de dedicarme a lo que de verdad me gustaba, lo que me movía por dentro. No tod@s tienen la misma suerte, y lo que recibí en mis años de estudiante (sobre los que aún hoy tengo sueños angustiosos) no fueron precisamente ánimos, ni mucho menos una guía.

Recuerdo a profesor@s diciéndome que no iba a ser nadie en la vida, que iba a ser un fracasado, que me iba a morir de hambre, especialmente en COU. Recuerdo ridiculizaciones frente a mis compañeros, mofas… Mis años de estudiante están llenos de recuerdos en los que, una y otra vez, me hacían sentir una decepción, un inútil, alguien que no iba a conseguir nunca nada valioso. Nadie nunca me preguntó por qué no estudiaba, cómo me sentía, si pasaba algo, si estaba bien. Y no, no estaba bien. Me creía un fracasado, una decepción, y desde esa creencia, ya no valía la pena ningún esfuerzo.

Hace 4 años,  un alumno ocasional de la escuela me llamó para proponerme algo inusual: él colaboraba con un programa de estudios y me propuso ir a dar una charla a unos estudiantes de empresariales. El tema de la charla: “El éxito empresarial en los negocios alternativos”. La verdad, él tuvo que insistir 3 veces porque la idea no me apetecía mucho, pensaba que me sentiría como un pez fuera del mar, en un ambiente tan ajeno al mío en muchos aspectos… pero ante su insistencia y su convicción de que iba a ser algo muy provechoso para l@s estudiantes, acabé aceptando.

El día de la charla, recibí la dirección exacta por whatsapp mientras daba la clase de la mañana, y tuve que salir a toda prisa porque el tiempo se me echó encima, así que salté en un taxi, le di la dirección y me dediqué a adelantar trabajo de la escuela contestando algunos correos en el trayecto. Cuando llegué al destino y me bajé del taxi, leí el nombre del colegio sobre la puerta de entrada, y con gran sorpresa descubrí que estaba en aquel colegio en que, muchos años atrás, me vaticinaron una vida de fracaso y mediocridad.

Allí estaba, invitado a dar una charla sobre el éxito empresarial… (Dios, cómo te lo pasas a veces)

Creo que mi “éxito”, que en absoluto entiendo como lo entendían allí, consiste en haber encontrado algo que de verdad me apasiona, en haber encontrado lo que me gusta hacer en la vida, algo que sí me motiva a hacer todo tipo de esfuerzos y estudios (que de hecho sigo haciendo, y creo que seguiré haciendo toda mi vida). Encontrar lo que estaba llamado a hacer, y entregarme a ello. Mi éxito es llegar a l@s demás, acompañar sus procesos, y sentir que hago algo que vale la pena, que ayuda, que es útil. Poder dedicarme a esto y vivir de ello, es mi éxito.

Las caras de l@s estudiantes mientras les transmitía mi forma de ver las cosas eran muy, muy transparentes. Estaban escuchando a un tarado, o a un desubicado… 10 minutos después de haber comenzado mi charla, la gran mayoría había perdido ya el interés. Sólo de vez en cuando, al escuchar algo demasiado chocante (como cuando dije que iban a dedicar la mayoría de su vida a su trabajo y que creía mejor elegir algo que les apasionara aunque eso pudiera suponer menos ingresos, porque da mayor satisfacción trabajar en lo que gusta que forrarse con lo que no gusta) me miraban con sorpresa, para luego volver a sus teléfonos. La profesora a cargo de la clase no levantó su cara del suyo en ningún momento.

Creo que tenemos un sistema educativo muy limitado, que trata de meter a tod@s l@s individu@s en “4 cajas” distintas y que desahucia a quien no entra en ninguna de ellas. Que la idea que se transmite de éxito es muy banal y falsa y que no se trata de potenciar los talentos individuales de cada alumno, sino dirigirlos a algo estandarizado y por supuesto, productivo socialmente. Muchas cualidades importantes como la creatividad se dejan de lado, muchas enseñanzas importantes como el contacto emocional o el auto-conocimiento ni se plantean, pese a que estas cosas sí pueden ayudar, y mucho, a crear una sociedad madura, responsable y eficiente. Mucho más que saberse de memoria la lista de los reyes godos….

En yoga se habla mucho del Dharma… creo que este concepto también se simplifica mucho, pero sí podemos hablar de la importancia de encontrar aquello que estás llamado a hacer en tu vida, aquello para lo que tienes talento… y entregarte a ello, a fondo. Si el sistema educativo incentiva  el auto-conocimiento, si tratara de enfocar y dirigir a cada un@ hacia aquellas posibilidades para las que muestran talento, interés, curiosidad… creo que tendríamos una sociedad muy distinta. Más satisfecha, menos frustrada y menos materialista. Y mucho más eficiente. Y el cambio de sociedad, que creo tan importante, no puede ocurrir si no empezamos por la educación, que tan poco interesa a los que nos gobiernan (sean de la tendencia que sean).

En estos tiempos que corren, donde la falta de valores es realmente escandalosa, donde los políticos y personajes de las altas esferas nos mienten, manipulan y roban y no hay consecuencias, donde se nos engaña descaradamente desde las portadas de los periódicos que, se supone, nos deben informar y aceptamos con gusto dichas mentiras, sin cuestionarlas… necesitamos con urgencia una re-educación de lo esencial, de todo aquello que no nos enseñaron en nuestros años de estudios. Necesitamos con urgencia una re-educación en los valores que pueden transformar nuestras vidas y, por tanto, nuestra sociedad. Y por suerte, tenemos sistemas como el yoga que nos permiten poder llevar a cabo ese nuevo aprendizaje.

Si cultivamos, por ejemplo, Satya (honestidad) con profundidad, con la mayor conciencia y entrega posible, no sólo seremos más honestos y sinceros con los demás, también con nosotr@s mism@s. Y eso implica no aceptar las mentiras, ni las manipulaciones de l@s demás. Poder vivir estos tiempos conectados con la honestidad y la realidad cambiará mucho la experiencia interna, y esto lo cambia todo. Los valores y los beneficios del yoga, no sólo los físicos (también muy importantes para mantener la salud en su máxima capacidad) sino los psicológicos y energéticos, nos ayudarán a que nuestra “casa” se mantenga firme y serena, venga el huracán que venga….

Cuando acabé mi charla, la única chica que mostró interés se acercó a hablar conmigo, y me dio las gracias. Me dijo que le había gustado mucho lo que había dicho sobre poner la energía en ser bueno en lo que te gusta porque la prosperidad vendría desde allí, que “tenía sentido”. Su cara reflejaba agradecimiento, lo que escuchó le había servido…. Mi charla, entonces, se convirtió en un éxito.

El próximo Jueves 20, a las 19.00 estaré charlando en directo con mi buen amigo y profesor de Ashtanga Yoga Hamish Hendry sobre el dharma y sobre su nuevo y precioso libro, llamado 15, que recopila las 15 preguntas que Arjuna le hace a Krishna en el Bhagavad-gītā. La charla será a través del Instagram de la escuela… ¡espero que podáis uniros!

Muchas gracias por leer.

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