¿Qué otro nombre podría tener mi blog? ¿Y a qué me refiero con esta frase que, para mi sorpresa, ha acabado dando la vuelta al mundo (ashtánguico)?
Hace 20 años, mi vida era bastante caótica y sufría de ansiedad, stress, mucho descontento y frustración… mi tendencia natural era al abandono de mi propia salud y en ocasiones, tenía tendencias algo auto-destructivas. Mi realidad era parecida a la de tantos otros jóvenes de mi edad, la semana era una espera hasta el fin de semana (que muchas veces comenzaba el Miércoles) en el que podía “desconectar”, salir de marcha, beber, distraerme (nunca mejor dicho).

“Una edad MUY mala”

“Una edad MUY mala”

Estudiaba arte dramático en esa época y algunos fines de semana trabajaba como teleoperador con un horario infernal (de 23.00 a 07.00). Una noche en el trabajo comencé con un ataque de asma y me di cuenta de que me había olvidado el inhalador. Pasé toda la noche luchando por respirar y cuando llegué a casa, a las 08.00, el inhalador ya no hizo efecto. No sólo no podía respirar, empezaba a sentir un dolor en el pecho muy fuerte y desperté a mi familia asustado… cuando llegamos a la sala de urgencias y describí los síntomas, me tumbaron rápidamente en una camilla, me pusieron una máscara en la boca y me llevaron dentro. Recuerdo muy bien mi sensación de pánico viendo cómo me alejaban de mi familia y pensando que estaba sufriendo un ataque al corazón y que no sabía si iba a volver a verles. Fue uno de los mayores sustos de mi vida…
La pericarditis (inflamación de la membrana que recubre el corazón) fue un toque de atención que, por suerte, supe escuchar. Mis profesores de interpretación también se asustaron y fue una de mis profesoras de ese año, Consuelo Trujillo (quien acabó convirtiéndose en alumna mía muchos años después, y en gran y querida amiga) la primera persona que me recomendó hacer yoga. “Te ayudará con tu salud, con la relajación y también posturalmente”, me dijo… años más tarde, al recordarle este momento, me miró extrañada y me dijo “Y yo ¿por qué te recomendé a ti hacer yoga, si yo no había hecho yoga nunca ni sabía nada del tema?”. Mi respuesta fue, “pues mira la que has armado”…

 

Con Consuelo Trujillo

Con Consuelo Trujillo

Tras unos meses estudiando en el centro Sivananda, sentí que el yoga tenía algo importante para mi, pero no acababa de sentirme del todo situado. Imagino que la expresión física de esta modalidad no me acababa de llenar. Empecé a leer sobre otros tipos de yoga y a probar otras clases y recuerdo leer un artículo sobre Ashtanga Yoga donde se ponía mucho énfasis en su capacidad transformadora. Esta palabra resonó en mi y también la descripción del sistema como práctica espiritual. Para mi, ya entonces, estaba claro que los síntomas físicos que había tenido recientemente tenían que ver con algo más profundo, y encontrar un sistema que, además de optimizar mi salud, me ayudara a encontrar respuestas a preguntas que llevaba mucho tiempo haciéndome era lo ideal… y este sistema parecía prometer eso.
Suena a tópico, pero salí de mi primera clase entusiasmado. Fue amor a primera vista… y así comenzó mi historia con el Ashtanga Yoga, hace 19 años.
No puedo presumir de ser uno de aquellos occidentales que descubrieron el ashtanga yoga cuando aún no se podía encontrar agua embotellada en la India… pero cierto es que cuando empecé y cuando hice mi primer viaje a Mysore, unos meses después de aquella primera clase, las redes sociales aún no existían. No había Youtube, ni Facebook ni Instagram y a excepción de un par de libros y un dvd, casi no había manera de encontrar por ningún lado lo que era esta práctica, y mucho menos en qué se basaba, o hacia dónde apuntaba. Mi contacto más importante y significativo con el ashtanga yoga ocurrió en mi primer viaje a Mysore, donde conocí a mi maestro Sharath Jois, con quien tengo la inmensa suerte de seguir estudiando a día de hoy.

Allí descubrí la autenticidad y la sencillez del sistema Mysore (ya que las clases que había probado en mis inicios eran, como suele ocurrir en centros inexpertos, todas guiadas) y aprendí de un profesor que seguía un enfoque muy tradicional, muy marcado por el linaje. Descubrí una práctica interna, terapéutica, confrontadora, que despertaba en el inmenso silencio de las clases, en la inmensa soledad de las prácticas en grupo, emociones profundas e intensas, pensamientos impulsivos, que revelaba patrones automáticos… que sacaba a la luz todo lo que necesitaba ser visto y revisado. Que me removía y me hacía oler el inmenso trabajo que se iba produciendo por dentro, práctica a práctica, esfuerzo a esfuerzo…. Para mi, desde el principio, Ashtanga Yoga fue una herramienta para trabajar sobre mi mente, mis tendencias, mis emociones… así la conocí y así la tomé.

Pasaron los años y fue desarrollándose mi proceso como practicante primero y como profesor más tarde… y con el paso de los años, llegaron las redes sociales y sobre todo, Youtube e Instagram… Y con ellos, comenzó un boom de exposición de asanas que realmente me chocó fuerte y me tambaleó. Sin querer entrar mucho en este tema, al menos no hoy, lo que veía en todas estas publicaciones, la idea que se transmitía, que se transmite en muchos casos, era tan distinta a mi experiencia con esta práctica… que había algo que, sin querer caer en dramatismos, dolía. Por supuesto, antes de todo esto ya había escuchado muchas veces aquello de “ashtanga yoga no es de verdad yoga, es sólo físico”, bla bla bla… la inseguridad me tomaba entonces cuando escuchaba estas opiniones porque, al igual de los que las formulaban, desconocía aún toda la grandeza de esta práctica, toda su filosofía, todo el camino por recorrer tan bien descrito por el sabio Patanjali. Fue el tiempo, la experiencia y el estudio lo que me acabó convenciendo, lo que me acabó revelando, que hay pocas prácticas y sistemas que sean TAN YOGA como este. Especialmente en estos últimos tiempos….
Por eso, desde el principio para mí fue difícil comprender que incluso los propios practicantes de este estilo “se empeñaran” en mostrar una versión tan limitada, superficial y exhibicionista de una práctica que, para mi, desarrollaba todo lo contrario. Y durante años he librado una guerra fría con este tema y con algunas de sus principales figuras… me he enfadado, me he frustrado, entristecido, atacado en ocasiones y a menudo me he colocado en un lugar de rigidez, superioridad moral y soberbia ciega. Y con todo esto, he reforzado la idea de que todos esos lo hacen mal, y yo lo hago mejor….

“Sharathji y yo tras una clase, en mi primer viaje a Mysore”

“Sharathji y yo tras una clase, en mi primer viaje a Mysore”

En los últimos tiempos, y tras mucho meditar sobre estos temas, he podido ver la necesidad que había, más egoica e insegura, de ponerme por encima de los demás… y también he podido ver cómo el juicio hacia los demás es siempre injusto porque leemos la intención con la que hacen las cosas, pero nunca podemos saber los verdaderos motivos. Y, en última instancia, si realmente creo que puedo tener cosas valiosas que aportar, lo más acorde con el camino que sigo es hacerlo, en lugar de meterme en lo que hagan los otros.

Sí, creo que Ashtanga Yoga no es lo que parece, no es la idea que muchos se forman a través de las fotos y videos de posturas, de las marcas que patrocinan, del “glamour” que muchos creen que acompaña a ser un profesor de yoga. Nada de esto cuadra con mi experiencia, todo esto me parece una fantasía que refleja otros aspectos que poco tienen que ver con mantener una práctica de crecimiento personal, una práctica espiritual. Y un trabajo o mejor dicho, una ocupación que tiene que ver con servir a los demás, con estar para los otros…
No pretendo y espero no pretender nunca estar trascendido o tener totalmente asimilados los principios del yoga… sigo trabajando día a día por entender más, profundizar más y saber ser mejor canal para transmitir todo lo que esta práctica tiene… y el camino no parece tener fin, y seguramente no lo tenga.  Pero hace ya tiempo que siento la necesidad de expresar mi punto de vista, de compartir mi visión.. de extender mi faceta como profesor hacia un aspecto más divulgador. La comunicación siempre ha sido una necesidad vital en mi y creo que ha llegado la hora de darle más espacio… a ver a dónde me lleva. Pero por supuesto, espero que quien pueda leer esto tome todo lo que escriba con precaución y teniendo en cuenta siempre que todo lo que pueda expresar desde este blog es SOLO Y ÚNICAMENTE mi experiencia personal, mis opiniones y mi manera de ver los temas de los que hable. No me considero una autoridad en la materia en absoluto y no es desde ahí desde donde quiero ni puedo compartir.
La vida, y desde luego la vida del yogui, es práctica constante. Y para mi hay un componente de práctica yóguica en estar presente en este medio… en transmitir, en relacionarme desde aquí, en exponerme y en darme la oportunidad de equivocarme. Algunas de estas cosas son las que me han llevado a resistirme a seguir esa necesidad que volvía una y otra vez. Y de esta manera, como de tantas otras, llevar adelante un blog en internet se convierte para mí en una nueva forma de trabajo sobre mí mismo, sobre mis tendencias, mis limitaciones, apegos y aversiones. Nada en la vida es literal, y tampoco en la práctica del yoga… uno puede practicar yoga en todas las situaciones y en todos los medios, sin excepción. Y espero que este proyecto también me ayude a desarrollar el yoga y pueda estar empapado de práctica. Y por supuesto, ojalá pueda servir, pueda ayudar o inspirar, además, a otros.
No siento ni quiero tener ninguna presión por publicar x veces al mes, esto lo hago por gusto y será la inspiración o la necesidad quién marque el ritmo.. y también animo a cualquiera que sienta ganas de proponer temas, que lo haga a través de mi mail jose@mysorehouse.es

Entonces, si Ashtanga Yoga no es lo que parece, ¿qué es? ¿Qué es para mi?…